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María Cristina Pastor nació en “El Morro”. Su obra se desarrolla entre tintes impresionistas, paisajísticos y fantásticos en más de 200 obras que desea legar al histórico pueblo donde el General San Martín y el papa Pío IX pernoctaron alguna vez. La artista, además, proyecta impulsar un centro cultural local.

Su pasión por la pintura, despertó en la primaria cuando creaba mapas con tinta china. Sin embargo, por distintos motivos, tuvo que esperar. Volvió a la pintura hace casi 20 años. Compró un bastidor, un par de colores primarios y volcó todas sus pinceladas contenidas. Aprendió del mexicano Diego Rivera, los rasgos étnicos y murales, hasta que ingresó en la academia de Mari Bonato de Giacometti donde asimiló más técnicas. Junto a ese grupo de pintores expuso en Villa Mercedes, Potrero de Los Funes y Merlo. Cada año, además, participa en una muestra anual de la ciudad villamercedina.

Actualmente, entre las más de 200 obras, varias de las cuales han paseado por España, Italia y Estados Unidos, abunda una imagen: caballos, generalmente con las crines al viento.

“Mi abuelo traía su tropilla que la tenía cerca del cerro, al espacio donde hoy tengo mi parquecito, que antes me parecía inmenso. Ahí los tusaba, o sea les cortaba las crines y las colas, que luego vendían. De muy pequeña me regaló un caballo tostado. Yo le pedí que nunca le cortara el pelo. Ese era el ideal -en mi mente de niña- de un ser libre, sin arreos, sin lazos riendas ni monturas”, explica. “No voy a decir que es compulsivo el tema, sino no sería placentero pintar”, agrega.

La tierra donde se enraizó Cristina tiene una colorida historia, teñida también con sangre y batallas. San José del Morro fue posta en el camino real que unía al Virreinato del Río de La Plata con la Capitanía de Chile. En 1775, se estableció como el primer fortín para la defensa frente a la embestida de los malones ranqueles. San Martín permaneció unos días en El Morro. 38 pobladores contribuyeron a la gesta liberadora de los Andes. Entre los servidores a la Patria que surgieron en el pueblo destacan el general Juan Esteban Pedernera -que nació en un paraje a cuatro kilómetros, llamado Los Nogales- y el general Pablo Lucero. En su paso a Chile, el beatificado papa Pío Nono pernoctó también en la localidad y celebró la Santa Misa.

“La mayoría de mis pinturas serán mi legado a mi pueblo. Es por eso que necesitamos un lugar para poder desarrollar proyectos que serán importantes para la cultura de ese pueblo tan caro a mis afectos y a la de muchos morreros”, asegura Cristina quien propone refaccionar el salón, ex Club Cultural y Deportivo ‘San José’, para vincularlo a todas las expresiones creativas, desde artesanías hasta gastronomía tradicional”.

Pero los trazos de Pastor no sólo traen a la memoria “El Morro”, sino que también la flora y fauna autóctona transformadas en colores ganan peso, altura o volumen con frescura impresionista o se envuelven mágicamente entre paisajes o mujeres europeas que invitan a otras instancias; casi parecen reales. Hay una danza juguetona entre opacidades y transparencias que se contrastan con rostros, modas y nostalgia. Es que el arte puede asumir cualquier forma. O, en sintonía con la propia práctica, es la pintura quien hace hablar a la artista y hasta la empuja al suspenso. Ante tanta aceleración contemporánea algunos de sus cuadros parecen refugios.

“El arte me dio alegría, grandes satisfacciones, amigos y por sobre todo sé que en cada obra que pinto he dejado un poco de mi vida, y por momentos, mis pensamientos y sentimientos. Ha sido mi cable a tierra, mis obras son como mis hijos, me cuesta mucho desprenderme de ellas, tienen mucho de mí”, comparte la artista admiradora del pintor Emaús Nicolaevici.

Cristina regresa a su terruño. En el centro cultural sueña con agregar una biblioteca en honor a Humberto Silvera, quien fue docente y comisionado municipal a mediados de la década del 80.

“Este señor fue mi padre del corazón ya que estaba casado con mi madre, doña Petrona Olmedo de Silvera. Don Humberto Silvera rescató la historia de la cautiva de El Morro y la editó en un pequeño libro por el que fue premiado como tesoro viviente  por la provincia. Era un gran historiador de todos los acontecimientos contados por su abuelo y su padre”, recuerda.

“No sé si puedo aconsejar, creo que el que empieza con la pintura está llamado a hacerlo. Hay que pintar con pasión. Tus obras van saliendo solas. Tenés que dejar mucho de vos en cada bastidor. Tenés que amar lo que haces”.

 

Fuente: Matías Gómez.

Fotos: Gentileza.

Categorías: Cultura, General

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